CONSTANT MODERNA. Exhibition in tribute to the Palau de la Música Catalana
- Alicia GR
- 4 may
- 2 min de lectura
Exhibition in tribute to the Palau de la Música Catalana at CASA SEAT
In the context of a particularly symbolic year, in which Barcelona has been named World Capital of Architecture, this group exhibition proposes an open reflection on the past, present, and future of the modernist legacy.
Modernism does not conceive architecture as a rigid structure, but as a living organism. At the Palau de la Música Catalana, this idea is expressed with exceptional clarity: the structure curves, branches, and seems to expand as if responding to a natural, almost biological logic. Matter ceases to be static and becomes something that grows, breathes, and unfolds in space.
My work connects with that same intuition. Through minimal forms, I seek to generate balance, tension, and continuity, as if each piece were not imposed, but rather emerged from an internal necessity. I am interested in that point where form feels inevitable, where the organic and the structural stop opposing each other and begin to engage in dialogue.
In this sense, the influence of modernism does not translate into a direct formal reference, but into a way of understanding creation: as a process in which the work develops from within, guided by its own logic—closer to growth than to construction.
For me, participating in this exhibition means positioning myself within a broader conversation: how to reinterpret that modernist impulse today, and how to continue thinking of architecture—and, by extension, form—as something alive and in constant transformation.

Exposición homenaje al Palau de la Música Catalana en CASA SEAT
En el marco de un año especialmente simbólico, en el que Barcelona ha sido nombrada Capital Mundial de la Arquitectura, esta exposición colectiva propone una reflexión abierta sobre el pasado, el presente y el futuro del legado modernista.
El modernismo no concibe la arquitectura como una estructura rígida, sino como un organismo vivo. En el Palau de la Música Catalana, esta idea se manifiesta con una claridad excepcional: la estructura se curva, se ramifica y parece expandirse como si respondiera a una lógica natural, casi biológica. La materia deja de ser estática para convertirse en algo que crece, que respira, que se despliega en el espacio.
Mi trabajo conecta con esa misma intuición. A través de formas mínimas, busco generar equilibrio, tensión y continuidad, como si cada pieza no fuese impuesta, sino surgida de una necesidad interna. Me interesa ese punto en el que la forma parece inevitable, donde lo orgánico y lo estructural dejan de oponerse y empiezan a dialogar.
En este sentido, la influencia del modernismo no se traduce en una referencia formal directa, sino en una manera de entender la creación: como un proceso en el que la obra se desarrolla desde dentro, guiada por una lógica propia, más cercana al crecimiento que a la construcción.
Participar en esta exposición supone, para mí, situarme dentro de una conversación más amplia: cómo reinterpretar hoy ese impulso modernista, cómo seguir pensando la arquitectura —y por extensión, la forma— como algo vivo, en constante transformación.




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